• Fundación Ética PyT

El niño de los bongós

El niño de los bongós, a quien llamaremos Martín B, llegó al consultorio a los siete años. Martín B era un niño hiperactivo, que no podía dejar golpear las paredes y las mesas, haciendo ruido. A los siete años, su familia no podía salir a ningún lugar público, ya que el niño no se calmaba. Martín B hacía ruido constantemente, por lo que estar en su presencia era perturbador. En la primera sesión, comenzó a hacer ruidos y a golpear el escritorio.


Martín B tiraba los elementos del consultorio al piso. En los dibujos presentados, aparecían palabras obscenas e insultantes, atribuidas a los personajes de sus relatos. Con el correr de las sesiones, Martín B pudo realizar juegos de mayor complejidad, como la construcción de torres con personajes. A partir de la posibilidad de verbalizar y de ser escuchado, disminuyó su angustia y Martín B pudo pasar a la palabra. La angustia de Martín B era la que golpeaba.


A medida que aumentaba la producción de historias con contenidos y elaboraciones, Martín B disminuía los golpes a bibliotecas y puertas. Hasta que dejó de golpear objetos. Y sólo hubo producción de historias. Martín B entró en la escena con el otro y pudo hablar y escuchar.


La tranquilidad empezó a gobernar su conducta. La madre manifestó que Martín B estaba más tranquilo, menos agresivo, y que el padre podía jugar con él durante horas. Martín B pasó de golpear objetos a hablar mucho, volvía a sentirse un sujeto dentro de la familia y tenía mucho que decir.


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